Los resultados de PISA 2025 ya están aquí y vuelven a situar la educación en el centro del debate. Sin embargo, más allá de las posiciones que ocupa cada país en las clasificaciones internacionales y de los titulares que suelen acompañar a la publicación de estos datos, el informe de la OCDE ofrece una información especialmente interesante para quienes trabajan cada día en un centro educativo: nos permite conocer mejor qué competencias está desarrollando el alumnado y cuáles son algunos de los principales retos a los que se enfrenta su aprendizaje.
PISA 2025, cuyos primeros resultados se han publicado el 8 de septiembre de 2026, tiene como área principal de evaluación las ciencias, aunque también analiza el rendimiento en lectura y matemáticas. Además, incorpora un ámbito innovador centrado en el aprendizaje en el mundo digital, una cuestión especialmente relevante en un contexto educativo marcado por la expansión de las herramientas digitales y, más recientemente, por la llegada de la Inteligencia Artificial generativa.
¿Qué nos dicen estos resultados y, sobre todo, qué podemos aprender de ellos desde el aula?
PISA no es un examen para profesores
Antes de analizar los resultados de España, conviene recordar qué es y qué no es PISA. El Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, desarrollado por la OCDE, evalúa a alumnado de aproximadamente 15 años y analiza hasta qué punto es capaz de aplicar sus conocimientos y competencias a diferentes situaciones.
Por tanto, PISA no pretende evaluar directamente la calidad de los docentes ni determinar si un profesor enseña bien o mal. Tampoco puede utilizarse por sí solo para explicar toda la realidad de un sistema educativo, ya que el aprendizaje está condicionado por numerosos factores relacionados con el contexto social, familiar y educativo.
Por esta razón, quizá resulte más interesante utilizar sus resultados como un punto de partida para la reflexión que como una herramienta para buscar culpables. Los datos pueden ayudarnos a plantear preguntas relevantes sobre lo que ocurre dentro y fuera de las aulas: ¿comprenden nuestros alumnos lo que leen?, ¿son capaces de aplicar lo aprendido a situaciones nuevas?, ¿saben interpretar información y valorar si una fuente es fiable?, ¿pueden utilizar las herramientas digitales de manera adecuada para aprender?
Son cuestiones que afectan al conjunto de la comunidad educativa y que requieren respuestas mucho más amplias que la simple incorporación de una nueva metodología o una determinada tecnología.
¿Qué evalúa PISA 2025?
PISA analiza principalmente tres grandes ámbitos de conocimiento: lectura, matemáticas y ciencias. En cada edición, uno de ellos adquiere un protagonismo especial y, en 2025, ese papel corresponde a las ciencias.
La evaluación no se centra exclusivamente en comprobar si el alumnado recuerda determinados contenidos. El objetivo es conocer hasta qué punto puede utilizar los conocimientos adquiridos para interpretar situaciones, resolver problemas, analizar información y tomar decisiones fundamentadas.
Además de estas tres competencias, PISA 2025 incorpora el denominado aprendizaje en el mundo digital, que analiza la capacidad del alumnado para resolver problemas utilizando medios digitales y gestionar su propio aprendizaje en estos entornos.
España ha participado en esta edición con una muestra de casi 30.000 estudiantes de 956 centros educativos, representativa del alumnado de 15 años de todas las comunidades autónomas. El 77 % de los participantes cursaba 4.º de ESO.
¿Cómo han sido los resultados de España?
Los resultados de España en las tres competencias principales se sitúan por debajo del promedio de la OCDE:
- Ciencias: 477 puntos, frente a 482 de media en la OCDE.
- Lectura: 451 puntos, frente a 461 de media en la OCDE.
- Matemáticas: 457 puntos, frente a 463 de media en la OCDE.
Las tres puntuaciones se sitúan significativamente por debajo del promedio de la OCDE. Además, los resultados muestran una evolución descendente respecto a ediciones anteriores, dentro de una tendencia que también se observa en el conjunto de países de la OCDE.
Estos datos justifican una reflexión sobre las dificultades que está encontrando una parte del alumnado para alcanzar determinados niveles de competencia, pero no deberían llevarnos a una interpretación simplista de la situación educativa española.
De hecho, el informe también ofrece algunos datos positivos. España presenta una situación relativamente favorable en términos de equidad educativa, ya que las diferencias de rendimiento asociadas al nivel socioeconómico son menores que las observadas, de media, en la OCDE. En ciencias, la diferencia entre el alumnado del cuartil socioeconómico más favorecido y el menos favorecido es de 71 puntos en España, frente a 85 puntos en el conjunto de la OCDE.
Por tanto, la fotografía que ofrece PISA es más compleja que la que pueden transmitir algunos titulares. Existen dificultades que deben abordarse, pero también fortalezas sobre las que continuar construyendo.
Comprender lo que se lee sigue siendo fundamental
La competencia lectora constituye uno de los grandes retos que muestran los resultados de PISA y, al mismo tiempo, una de las competencias que más fácilmente podemos relacionar con el trabajo cotidiano de cualquier docente.
Comprender un texto no significa únicamente ser capaz de leerlo correctamente. El alumnado necesita identificar las ideas principales, interpretar información que no aparece expresamente formulada, relacionar diferentes elementos del texto y valorar si las conclusiones que obtiene están realmente justificadas.
Además, la comprensión lectora no es responsabilidad exclusiva del área de Lengua. Un alumno necesita interpretar correctamente un enunciado para resolver un problema matemático, comprender un texto científico, analizar una fuente histórica o seguir las instrucciones de una actividad.
Por este motivo, trabajar la comprensión lectora desde las diferentes áreas puede convertirse en una estrategia especialmente útil.
Algunas posibilidades son:
- Incorporar textos relacionados con los contenidos de cada materia y plantear preguntas que obliguen a interpretar la información, no únicamente a localizarla.
- Pedir al alumnado que explique con sus propias palabras las ideas principales de un texto.
- Comparar diferentes fuentes sobre un mismo tema para identificar coincidencias, diferencias o posibles contradicciones.
- Plantear actividades en las que tengan que justificar sus respuestas utilizando evidencias extraídas del texto.
De esta manera, la lectura deja de ser únicamente una actividad vinculada a una asignatura concreta y se convierte en una competencia transversal presente en diferentes situaciones de aprendizaje.
Matemáticas: aprender a aplicar los conocimientos
Los resultados de PISA también nos invitan a reflexionar sobre la forma en la que trabajamos las matemáticas. Saber realizar correctamente una operación o aplicar una fórmula es importante, pero la competencia matemática requiere además ser capaz de utilizar esos conocimientos cuando nos encontramos ante una situación diferente a las trabajadas anteriormente.
En la vida cotidiana, los problemas no suelen venir acompañados de instrucciones que indiquen exactamente qué procedimiento debemos utilizar. Es necesario interpretar la situación, identificar los datos relevantes, seleccionar una estrategia y comprobar posteriormente si el resultado obtenido tiene sentido.
Por eso, plantear situaciones relacionadas con la vida real puede ayudar al alumnado a comprender mejor la utilidad de las matemáticas.
Algunas actividades pueden partir de:
- Comparar precios, descuentos y diferentes ofertas comerciales.
- Elaborar y gestionar un presupuesto.
- Interpretar estadísticas y gráficos presentes en noticias o redes sociales.
- Analizar datos relacionados con cuestiones ambientales, sociales o económicas.
- Resolver problemas en los que existan diferentes estrategias posibles.
También puede resultar interesante pedir a los alumnos que expliquen cómo han llegado a una solución o que busquen diferentes estrategias para resolver un mismo problema. De esta forma, el objetivo deja de ser únicamente obtener la respuesta correcta y pasa a incluir también la capacidad de razonar, argumentar y comunicar el proceso seguido.
Ciencias: comprender, investigar y utilizar evidencias
En PISA 2025, las ciencias ocupan el lugar central de la evaluación. El marco de esta edición pone especial énfasis en que el alumnado sea capaz de utilizar conocimientos científicos, interpretar evidencias y comprender cómo se genera el conocimiento científico.
Esta perspectiva tiene una aplicación directa en el aula, ya que permite plantear actividades en las que los alumnos no se limiten a recordar conceptos, sino que tengan que analizar situaciones, formular hipótesis, interpretar datos o valorar diferentes explicaciones.
Una pregunta aparentemente sencilla como “¿qué evidencias necesitaríamos para saber si esta afirmación es cierta?” puede abrir un proceso de razonamiento mucho más profundo que la simple memorización de una definición.
Además, desarrollar esta competencia resulta especialmente importante en una sociedad en la que los ciudadanos reciben continuamente información relacionada con la salud, el medio ambiente, la alimentación, la tecnología o la ciencia. Saber interpretar esa información y distinguir entre una afirmación respaldada por evidencias y otra que no lo está constituye una competencia fundamental.
Vivimos rodeados de información y necesitamos aprender a interpretarla
El acceso prácticamente inmediato a Internet ha transformado la relación del alumnado con la información. Hace unas décadas, uno de los principales retos consistía en encontrar información suficiente para realizar un trabajo. Hoy, en cambio, los alumnos pueden acceder en cuestión de segundos a miles de resultados.
El reto educativo es, por tanto, diferente. No basta con saber buscar información; es necesario aprender a seleccionarla, interpretarla, contrastarla y valorar su fiabilidad.
Esta competencia puede trabajarse desde prácticamente cualquier asignatura. Comparar dos noticias sobre un mismo acontecimiento, analizar diferentes fuentes históricas, comprobar los datos de una afirmación científica o identificar argumentos y opiniones en un artículo son actividades que ayudan al alumnado a desarrollar una mirada más crítica ante la información.
Esta necesidad adquiere todavía más importancia con la expansión de las herramientas de Inteligencia Artificial, capaces de generar respuestas aparentemente convincentes que, sin embargo, pueden contener errores o información no suficientemente fundamentada.
La Inteligencia Artificial ya forma parte del aprendizaje
La Inteligencia Artificial está introduciendo cambios importantes en la forma en la que los alumnos buscan información, realizan trabajos y resuelven determinadas tareas. PISA 2025 proporciona algunos datos especialmente interesantes sobre esta realidad. En España, el 54% del alumnado declara utilizar la Inteligencia Artificial para ayudarle a aprender al menos una vez por semana, frente al 46% de promedio de la OCDE.
Además, un 42% de los alumnos españoles afirma utilizar estas herramientas para realizar una investigación preliminar sobre un tema nuevo, un 40% para resumir textos que debía leer y un 33% para redactar textos destinados a trabajos escolares.
Estos datos muestran que la Inteligencia Artificial ya forma parte de los hábitos de aprendizaje de una parte importante del alumnado. Por ello, la cuestión educativa no consiste únicamente en decidir si se permite o se prohíbe su utilización, sino en enseñar a los alumnos a utilizar estas herramientas de una manera responsable, crítica y orientada al aprendizaje.
En el aula, esto puede traducirse en actividades como:
- Pedir a la IA una explicación sobre un concepto y comprobar posteriormente su exactitud utilizando otras fuentes.
- Analizar una respuesta generada por IA para localizar errores, información incompleta o afirmaciones que necesitan ser verificadas.
- Comparar diferentes respuestas generadas ante una misma pregunta y argumentar cuál resulta más adecuada.
- Utilizar la IA para generar diferentes enfoques sobre un problema y valorar posteriormente cuáles son realmente útiles.
- Reflexionar sobre qué tareas puede facilitar la inteligencia artificial y cuáles requieren especialmente el razonamiento y la producción propia del alumno.
De esta manera, la IA puede convertirse en un recurso para trabajar el pensamiento crítico y no simplemente en una herramienta destinada a producir respuestas.
Tecnología no significa automáticamente mejor aprendizaje
La incorporación de tecnología al aula tampoco debería plantearse como un objetivo en sí mismo. Disponer de ordenadores, tabletas o herramientas de Inteligencia Artificial no garantiza automáticamente que el alumnado vaya a aprender mejor.
Lo realmente importante es cómo se utilizan estos recursos y qué objetivo educativo persigue la actividad. Una herramienta digital puede aportar un enorme valor cuando permite hacer algo que difícilmente podríamos conseguir de otra manera, pero también puede convertirse en una distracción si se utiliza sin una finalidad pedagógica clara.
PISA 2025 recoge precisamente información relacionada con el uso de dispositivos digitales y las distracciones durante las clases. En España, el 86% del alumnado estaba escolarizado en centros donde existe una prohibición del uso de teléfonos móviles, frente al 49% de promedio de la OCDE. Además, los alumnos que declararon experimentar distracciones digitales durante las clases de ciencias obtuvieron, de media, 16 puntos menos en esta competencia, una vez tenidos en cuenta determinados factores socioeconómicos y relacionados con el centro.
Este dato no significa que la tecnología sea perjudicial para el aprendizaje. Más bien pone de manifiesto la necesidad de diferenciar entre utilizar tecnología y utilizarla bien.
La competencia digital docente, por tanto, no consiste únicamente en conocer muchas herramientas. Implica saber seleccionar aquellas que pueden aportar valor en cada situación, integrarlas adecuadamente en una actividad y acompañar al alumnado durante su utilización.
También hay datos positivos
Cuando se habla de PISA es habitual que la atención se centre en las puntuaciones y en las posiciones de los países. Sin embargo, el informe también ofrece información sobre otros aspectos de la experiencia educativa del alumnado que merece la pena tener en cuenta.
En España, los alumnos presentan un nivel de perseverancia ante el aprendizaje superior al promedio de la OCDE. El índice de perseverancia alcanza 0,26 puntos en España frente a 0 en la OCDE. También muestran un sentido de pertenencia al centro educativo más elevado, con un índice de 0,46 frente a 0,09 en el conjunto de la OCDE.
Estos datos son relevantes porque nos recuerdan que el rendimiento académico constituye solamente una parte de la experiencia educativa.
El vínculo que los alumnos establecen con su centro, su disposición para afrontar dificultades y su capacidad para perseverar ante una tarea también forman parte de las condiciones que favorecen el aprendizaje.
Por eso, analizar PISA exclusivamente desde las puntuaciones sería perder una parte importante de la información que proporciona.
¿Qué podemos hacer desde el aula?
Los resultados de PISA no ofrecen una receta única para mejorar el aprendizaje y tampoco sería razonable pensar que una determinada metodología puede solucionar por sí sola todos los problemas que refleja una evaluación internacional.
Sin embargo, sí pueden servir como punto de partida para revisar determinadas prácticas y preguntarnos si nuestras actividades ofrecen al alumnado suficientes oportunidades para aplicar conocimientos, razonar, interpretar información y resolver situaciones nuevas.
Algunas líneas de trabajo que pueden incorporarse progresivamente a la práctica docente son:
- Plantear situaciones de aprendizaje conectadas con problemas reales, de manera que el alumnado tenga que utilizar conocimientos de diferentes áreas para encontrar una solución.
- Trabajar la comprensión de textos desde todas las materias, incorporando actividades que exijan interpretar, comparar y argumentar.
- Dar más importancia al proceso de razonamiento, pidiendo a los alumnos que expliquen cómo han llegado a una conclusión y no únicamente cuál es la respuesta.
- Utilizar datos y evidencias, especialmente en ciencias, para que aprendan a fundamentar sus afirmaciones.
- Trabajar la competencia informacional, enseñando a distinguir fuentes fiables, contrastar información e identificar posibles sesgos.
- Integrar la Inteligencia Artificial de forma crítica, cuando pueda aportar valor al aprendizaje, en lugar de limitar su uso a la generación automática de respuestas.
- Revisar el uso de los dispositivos digitales, asegurando que la tecnología responde a una finalidad pedagógica concreta y no se incorpora simplemente porque está disponible.
No se trata de aplicar todas estas propuestas al mismo tiempo ni de cambiar radicalmente la forma de enseñar. En muchos casos, pequeños ajustes en las actividades habituales pueden generar oportunidades para que el alumnado tenga que pensar, relacionar información, justificar sus decisiones y aplicar lo aprendido.
El papel del docente sigue siendo fundamental
En un contexto en el que hablamos cada vez más de Inteligencia Artificial, herramientas digitales y nuevas metodologías, puede existir la sensación de que el futuro de la educación depende de encontrar la tecnología adecuada. Sin embargo, el recurso más importante continúa siendo el criterio pedagógico del docente.
Detrás de una buena actividad existe un profesional que conoce las características de su alumnado, establece objetivos de aprendizaje, selecciona los recursos más adecuados, plantea preguntas, proporciona feedback y adapta la enseñanza cuando es necesario.
La tecnología puede ampliar las posibilidades del aula, y las nuevas metodologías activas pueden ofrecer diferentes formas de organizar el aprendizaje, pero ninguna herramienta sustituye la capacidad del docente para tomar decisiones pedagógicas fundamentadas.
Precisamente por eso, la formación permanente del profesorado adquiere una importancia creciente. No se trata de aprender a utilizar todas las herramientas que aparecen ni de incorporar una nueva metodología cada vez que surge una tendencia educativa, sino de disponer de criterios y conocimientos que permitan seleccionar aquello que realmente puede mejorar nuestra práctica.
PISA 2025: una oportunidad para seguir reflexionando
Los resultados de PISA pueden generar titulares, comparaciones y debates sobre el sistema educativo. Sin embargo, para los docentes pueden tener una utilidad mucho más cercana: servir como punto de partida para reflexionar sobre cómo aprenden nuestros alumnos y sobre las competencias que necesitarán para desenvolverse en una sociedad cada vez más compleja.
Comprender un texto, interpretar un gráfico, analizar una fuente, resolver un problema, valorar una evidencia o utilizar de forma crítica una herramienta de Inteligencia Artificial son aprendizajes que van mucho más allá de una prueba internacional.
El reto consiste en conseguir que estas competencias formen parte de las experiencias educativas cotidianas y que el alumnado tenga oportunidades suficientes para ponerlas en práctica.
Y este no es un reto exclusivo del profesorado. La mejora educativa requiere la colaboración de centros, familias, administraciones y de toda la comunidad educativa.
Por eso, quizá la pregunta más interesante que podemos hacernos después de conocer los resultados de PISA 2025 no sea únicamente “¿en qué posición está España?”, sino algo mucho más cercano a la realidad de las aulas:
¿Qué podemos hacer para que nuestros alumnos comprendan mejor, razonen mejor y sean capaces de utilizar lo que aprenden para afrontar los retos del mundo que les rodea?
Seguir aprendiendo para afrontar los nuevos retos del aula
La educación está cambiando y la formación del profesorado también. La Inteligencia Artificial, la competencia digital, las nuevas metodologías, la alfabetización informacional y los cambios en los hábitos de aprendizaje plantean nuevos retos para los docentes.
La formación permanente puede ayudar a incorporar estos cambios de manera progresiva y, sobre todo, con una finalidad pedagógica clara. No se trata de aprender a utilizar todas las herramientas que aparecen, sino de conocer nuevas posibilidades y desarrollar los criterios necesarios para decidir cuáles pueden aportar realmente valor a nuestros alumnos.
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Porque mejorar la educación requiere seguir aprendiendo, actualizar conocimientos y desarrollar nuevas competencias para responder a las necesidades de nuestros alumnos.
